Quince victorias.
Sí, leíste bien: 15 veces en lo más alto del podio. Más que varios campeones del mundo de Fórmula E como Nyck de Vries, Stoffel Vandoorne, Jake Dennis o incluso Nelson Piquet Jr.
Y aun así… cero títulos.
¿Cómo explicas eso? ¿Cómo un piloto que puede dominar un fin de semana completo termina cada temporada viendo a otro levantar el trofeo? La respuesta no es cómoda… pero es clara: no es mala suerte, es un patrón.

El problema no es la velocidad
En Fórmula E hay una regla no escrita: No gana el más rápido, gana el más constante. Y aquí es donde Mitch Evans empieza a perder la pelea. Porque sí, cuando todo está en su lugar —coche, estrategia, ritmo— es prácticamente intocable. Un animal en pista, de los mejores que hemos visto.
Pero el campeonato no se gana en tus mejores días. Se gana en los días malos. Lucas di Grassi fue campeón con solo dos victorias y Stoffel Vandoorne ganó el título con una sola. ¿Por qué? Porque siempre estaban ahí. Sumando, sin errores. Evans no. Evans es de picos: o gana o desaparece. Y así no se construyen campeonatos.
La evidencia incómoda
Es fácil decir: “es que Jaguar falla”. Y sí, ha pasado —momentos clave donde el coche simplemente no responde, finales donde todo se viene abajo. Pero si nos quedamos solo con eso, estamos viendo media película, porque también hay errores del otro lado del volante.
Y ahí entra lo más delicado: la cabeza. Evans es un piloto emocional. Cuando gana, vuela. Cuando algo sale mal… se nota. Y en la Fórmula E, donde todo se define por detalles mínimos, la gestión emocional es medio campeonato.
Cassidy: el espejo que no perdonó
La llegada de Nick Cassidy a Jaguar no fue solo un cambio de alineación. Fue una prueba. Tu amigo. Tu compatriota. Tu igual. Pero con una diferencia clave: Cassidy es más constante.
Mientras Evans seguía apostando al todo o nada, Cassidy jugó el juego largo. Y cuando llegó el momento decisivo, se llevó los puntos importantes. Eso es lo que separa a los ganadores de carreras de los campeones.

El síndrome del “casi”
Mitch Evans vive atrapado en un bucle. Tiene el talento. Tiene el coche. Tiene la experiencia. Pero le falta lo más difícil: cerrar el campeonato. Siempre está cerca, siempre parece que “ahora sí”, pero algo pasa. Y cuando eso se repite año tras año, deja de ser coincidencia.
Ahora o nunca
Con el Gen4, la Fórmula E entra en una nueva etapa. Nuevas reglas, nuevas dinámicas, pero el reto de Evans sigue siendo el mismo: no es técnico, es mental. Porque enfrente tiene rivales que no perdonan:
- Wehrlein: frío, preciso, constante
- Da Costa: agresivo y oportunista
- Rowland: siempre al acecho
- Cassidy: ya demostró que sabe cómo acortar diferencias por más grandes que estas sean
Si Evans quiere el título, necesita cambiar algo fundamental. Dejar de intentar ganar todas las carreras y empezar a focalizar una estrategia de 17 carreras y no solo de 1 sola.
La gran pregunta
Sería una auténtica tragedia deportiva que un piloto como Mitch Evans se retire sin un título.
Pero este deporte no funciona con “merecimientos”. Así que aquí va la pregunta, directa: ¿Estamos a punto de ver la consagración de Mitch Evans, o el nacimiento definitivo del eterno subcampeón de la Fórmula E?
Si llegaste hasta aquí, quiero leerte: ¿Tú de qué lado estás: Evans campeón o Evans, el eterno contendiente?