La Fórmula E volvió a demostrar que un campeonato no necesariamente se gana siendo el piloto que más carreras domina, sino aquel que sabe aprovechar los momentos en los que sus principales rivales dejan escapar puntos. En el caso de Pascal Wehrlein, su segundo título mundial en la categoría eléctrica tuvo mucho de eso: velocidad, sí, pero también una capacidad importante para mantenerse dentro de la pelea cuando las circunstancias no estaban de su lado.
El alemán terminó la temporada 2025-2026 con 169 puntos, apenas cinco más que Jake Dennis y nueve por encima de Mitch Evans. Esa diferencia tan pequeña explica por qué resulta complicado resumir su campeonato únicamente en números. Hubo varios momentos en los que Wehrlein consiguió cambiar el rumbo de la pelea y, sobre todo, evitar que sus rivales tomaran una ventaja definitiva.
El primer momento clave llegó mucho antes de que Wehrlein pudiera convertirse en líder del campeonato. En São Paulo terminó cuarto, después de haber conseguido la pole pero recibir una penalización que lo hizo retroceder tres posiciones en la parrilla. Después llegó un sexto puesto en Ciudad de México y un tercer lugar en Miami.
Puede parecer un comienzo discreto si se observa únicamente la cantidad de victorias, pero desde una perspectiva de campeonato fue bastante importante. Wehrlein consiguió tres resultados entre los seis primeros en las primeras tres carreras, mientras algunos de sus rivales comenzaron a perder terreno.
Ahí está uno de los primeros puntos que, en mi opinión, explican su campeonato: Wehrlein no necesitó ganar a la brevedad para construir una posición competitiva. Poco a poco sumó puntos en lo que llegaba su oportunidad, la cual, llegó en Jeddah.
La victoria en Arabia Saudita fue el primer gran golpe de autoridad de Wehrlein. El triunfo llegó, además, en su carrera número 100 en Fórmula E, pero lo realmente importante fue su impacto en la clasificación.
Wehrlein consiguió 26 puntos en la primera carrera del fin de semana y después sumó otros cuatro en la segunda, mientras Nick Cassidy, uno de sus principales perseguidores en ese momento, solamente consiguió ocho puntos durante todo el evento.
El resultado fue claro: Wehrlein salió de Jeddah como líder del campeonato, con 6 puntos de ventaja.
Aquí comenzó a verse algo que sería recurrente durante toda la temporada. El Porsche 99X Electric tenía velocidad, pero Wehrlein también supo convertir los fines de semana favorables en auténticos golpes para el campeonato.
Otro momento importante llegó en la parte media del campeonato. Wehrlein consiguió el tercer lugar en Madrid y posteriormente volvió al podio en la segunda carrera de Berlín.
Lo interesante es que Berlín también tuvo un primer día complicado para él. Por momentos perdió el liderato del campeonato, pero consiguió reaccionar y terminar tercero en la segunda carrera para recuperar la primera posición.
Después de Berlín, Wehrlein tenía 101 puntos, apenas tres por delante de Mitch Evans.
Y aquí aparece una característica que muchas veces queda escondida cuando se habla de un campeón: la capacidad de limitar los daños. No todos los fines de semana se pueden ganar. Lo importante es que un mal resultado no se convierta en una crisis de campeonato.
Si tuviera que elegir un momento en el que Wehrlein volvió a tomar el control de su temporada, me quedaría con Shanghai.
El alemán llegó a esa cita, después de atravesar un periodo complicado, incluyendo tres carreras consecutivas sin sumar puntos. En Shanghai, consiguió la pole y la victoria bajo unas condiciones de lluvia que hicieron todavía más difícil la gestión del fin de semana.
No fue solamente una victoria, Wehrlein volvió a colocarse en posición de pelear por el campeonato cuando parecía que la balanza comenzaba a inclinarse hacia Mitch Evans. En la segunda carrera terminó cuarto y, con esos resultados, recuperó el liderato con una ventaja de nueve puntos cuando quedaban únicamente dos rondas dobles: Tokio y Londres.
Para mí, este fue uno de los puntos que mejor explican el campeonato. Un piloto puede tener un coche competitivo, pero regresar después de una mala racha y ganar en condiciones difíciles requiere algo más que velocidad.
Finalmente llegó a Londres… Pascal comenzó el último fin de semana en una situación que prácticamente resumía toda la temporada: Jake Dennis estaba cinco puntos por delante y Mitch Evans también seguía con posibilidades matemáticas. Es decir, no había espacio para administrar una ventaja cómoda.
La respuesta de Wehrlein fue contundente. Partió desde la pole y ganó la primera carrera del fin de semana, ejecutando una estrategia prácticamente perfecta. Una neutralización permitió que realizara el obligatorio PIT BOOST en un momento favorable y conservara el control de la carrera.
Con esa victoria recuperó el liderato y llegó a la última carrera con cinco puntos de ventaja sobre Dennis.
Sin embargo, el domingo fue todavía más complicado; Wehrlein llegó a caer hasta la duodécima posición, por algunos momentos, Dennis llegó a ocupar virtualmente el primer lugar del campeonato. El título cambió de manos varias veces durante las últimas vueltas. Finalmente, Dennis no pudo completar la remontada y Wehrlein terminó asegurando su segundo campeonato mundial.
Y quizá ahí está la mejor manera de resumir su temporada.
Wehrlein no ganó el campeonato porque había tenido un camino perfecto. Lo ganó porque cuando tuvo que responder, respondió. Cuando tuvo que sumar, sumó; cuando tuvo que recuperarse, lo hizo. Y cuando llegó el momento de jugarse el título en Londres, consiguió el resultado que necesitaba.
Los números finales muestran lo cerrado que fue todo: 169 puntos para Wehrlein, 164 para Dennis y 160 para Evans. Una diferencia de apenas nueve puntos entre el campeón y el tercero después de 17 carreras.
Por eso considero que el campeonato 2025-2026 de Wehrlein debe analizarse más desde la consistencia que desde las estadísticas de victorias.
Jeddah le dio el primer gran impulso. Madrid y Berlín demostraron que podía mantenerse en la pelea aun sin ganar. Shanghai confirmó que podía recuperar el terreno perdido y Londres terminó convirtiendo esa capacidad de reacción en un segundo título mundial.
Al final, la Fórmula E volvió a entregar uno de esos campeonatos en los que cada punto cuenta. Wehrlein terminó con el trofeo, pero la diferencia fue tan pequeña que cualquier error adicional durante la temporada probablemente habría cambiado al campeón.
Y eso hace todavía más valioso su segundo título: no fue un campeonato dominado de principio a fin, sino uno construido carrera a carrera, aprovechando los momentos importantes y resistiendo hasta la última bandera a cuadros.
