Berlín y la Fórmula E: una historia en el aeródromo

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Desde el inicio de la Fórmula E, Berlín se convirtió en una parada obligada. No era casualidad: Alemania es el corazón industrial del automóvil europeo y Templehof, con su aeródromo convertido en circuito urbano, ofrecía un escenario cargado de simbolismo. Allí, entre hangares y pistas que alguna vez fueron epicentro de la historia del siglo XX, la FE encontró un espacio para narrar su propia modernidad.

El EPrix de Berlín se transformó en un clásico porque supo adaptarse. En 2015, cuando la ciudad recibió por primera vez a la categoría, el trazado se convirtió en un laboratorio de innovación. Pero fue en 2020, en plena pandemia, cuando Templehof se volvió legendario: seis carreras consecutivas en apenas nueve días definieron el campeonato y coronaron a Antonio Félix da Costa como campeón mundial. Ese maratón competitivo fue un ejemplo de resiliencia, y quedó grabado como uno de los capítulos más intensos de la historia de la FE.

A lo largo de los años, Berlín fue testigo de victorias memorables y de la consolidación de fabricantes como Audi, BMW y Porsche, que encontraron en su propio país un escaparate perfecto para mostrar músculo tecnológico. Las estadísticas refuerzan esa idea: Templehof es el único circuito que ha estado presente en todas las temporadas de la Fórmula E, convirtiéndose en un símbolo de continuidad dentro de un campeonato que suele reinventarse constantemente.

Hoy, sin embargo, la historia entra en un nuevo capítulo. La cita de 2026 será la última en el aeródromo de Templehof. La FE seguirá en Alemania, pero cambiará de sede, cerrando un ciclo que duró más de una década. El adiós a Templehof no es sólo un cambio de escenario: es la despedida de un lugar que se convirtió en sinónimo de la categoría, un espacio donde la espera, la innovación y la emoción se mezclaron para dar forma a la narrativa eléctrica.

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